Expectativas vs. realidad.

La excitación se forma por un cúmulo de pequeños detalles de los que se compone un encuentro sexual. Y uno de los más importantes son las expectativas. Por la experiencia lo sé muy bien y para fomentarlo, siempre pregunto a mi cita antes de vernos que piense en un deseo, algún fetiche, una fantasía o algo especial relacionado con  las primeras excitaciones juveniles. Para que yo intente recrearlo después, a mi manera, a veces desastrosa y patosa, pero siempre divertida y muy sensual.

Como aquella vez en el cine, cuando en una sala vacía solo estábamos nosotros dos y apareció un señor que decidió sentarse cerca de nosotros en la última fila y nos estropeó todo el plan del desmadre. Intenté juguetear a escondidas con un pequeño vibrador que formó tal escándalo que no se oían los diálogos de la película y que no lograba apagar. No sabía si estaba tan roja por la vergüenza que me producía aquel ruido o la excitación o las dos cosas a la vez. Era mi primera (y supongo que la última) experiencia sexual en un cine. Lo planificamos con un mes de antelación. Nos entraríamos por separado, como los dos perfectos desconocidos, y nos sentaríamos en la última fila lejos el uno del otro. Me iba a acariciar las piernas desnudas con un ligero masaje, levantando poquito a poco la falda. A cámara lenta me quitaría las braguitas y seguiría con un masaje suave subiendo cada vez más arriba. Me tocaría los pechos mirándote a ti y mordiendo el labio, suspirando de ganas que me provocaría aquella situación. Pero apareció aquel señor junto después de quitar yo la braguita. Así que tuve que improvisar, me levanté de mi asiento y fui a por ti directamente. Un beso largo y sentido y empezó la proyección.

Nos tocamos mutuamente a escondidas y terminé con los pechos al aire, que brillaban como dos lunas al reflejar la pantalla en aquel reino de oscuridad. Nos corrimos casi enseguida, estábamos demasiado excitados por las expectativas que habíamos formado. No ha salido nada según lo planeado. Pero probablemente por eso lo disfruté tanto y, tal vez, por eso, cada vez que alguien me propone ir al cine, al recordar aquel sexo tan desastrosamente excitante, me sonrojo, sonrío levemente y muerdo inconscientemente el labio.

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