Tortura de color rosa.

¿Sabes que son las bolas chinas? ¿Quieres que te cuente por qué pueden llegar a ser una verdadera tortura? Pues allí va mi historia, dramática y erótica.

Era uno de los primeros juguetes sexuales que compré al separarme después de pasar demasiados años en un matrimonio que no funcionó. Dos bolitas de látex, unidas por una cuerda. Con lubricación adecuada se introducen dentro de la vagina y con ayuda de los músculos de la misma, se fijan muy bien dentro, por lo que se puede andar, bailar e, incluso, hacer deporte con ellas puestas. Es lo que pensaba yo, ingenua.

Las compré en un sexshop en la calle Montera, tan monas, de color rosa. Sorprendentemente, pesaban bastante. Descubrí entonces que ellas, a modo de los sonajeros infantiles, tenían otras bolas, metálicas, más pesadas, dentro. Las lavé muy bien, las rocíe con el desinfectante para los juguetes sexuales, no necesité lubricante para meterlas porque ya estaba a tope. Las coloqué bien y, como tenía cita con un amante que siempre quería experimentar, salí alegremente a la Gran Vía madrileña para quedarme con él, con ojos brillando, ánimo pícaro, imaginando como se lo contaría todo al encontrarnos.
Las bolas metálicas dentro, al moverse, rebotaban contra las paredes de las bolas de látex que las cubrían, y estas, a su vez, bombardeaban suavemente las paredes de la vagina, produciendo una vibración muy agradable. Al principio. Después está vibración empezó producir un ligero cosquilleo. Que se iba en aumento y se convirtió en una excitación difícil de controlar pero que resultaba un poco molesta porque con esta vibración no se consigue llegar a “buen fin” de ninguna manera (para ello hacía falta estimulación extra, de mi misma o de algún ayudante, imposible de conseguir en aquel instante). Así que imagínate como estaba yo en aquel momento, sola, en medio de una calle muy grande, abarrotada de gente, con mejillas rojas, intentando andar con delicadeza extrema para intentar que estas malditas bolas dejasen de moverse dentro de mi. Pero ellas parecían ir in crescendo: cuanto más lentamente me movía, mas resonaban dentro de mi cuerpo. Bam, bam, bam. Se resonaban en el vientre, en los dedos de mis pies, en mis pezones. Tenía cosquillas enfermizas por todas las partes, pero no podía hacer nada. Las orejas me ardían, la tortura crecía, cada segundo mas. Cada metro parecía medir por lo menos 10…. No me acuerdo muy bien como llegué al destino.

Cuando mi amante por fin me vio, empezó a reír, observando mi cara de sufridora. Yo en aquel momento no podía ni reír, ni hablar. Estaba tan sensibilizada que no se me podía ni tocar. Y lo peor de todo, a pesar de la excitación extrema, fue imposible llegar al orgasmo durante unas horas. Era como si tomara Viagra para las mujeres, que me hacía estar excitada permanentemente sin poder descargar toda esta potente energía acumulada dentro. Enfadada, cansada, agobiada, decidí no hacer estos experimentos callejeros nunca más.

Aunque me duró poco.

3 comentarios sobre “Tortura de color rosa.

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  1. A quien crees que le dio mas placer y morbo la situación?…..A tu amante, verte aparecer sabiendo lo que llevabas en tu interior? A ti, yendo al encuentro de el, impulsor de la idea de andar por Gran Vía con las bolas haciendo de las suyas en tu interior?

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    1. En esta situación el mobro y excitación estaban al inicio, en mi imaginación. Pero como llevé la situación al extremo y no medi las consecuencias, lo pasé francamente mal. No siempre estar excitado equivale a sentir el placer máximo. A veces hay que aprender a dosificarlo, porciones pequeñas, disfrutandolo en plan gourmet. Mi amante se divirtió mucho al verme, estaba halagado por mi atrevimiento pero me ha dicho que me prefería “al natural” – sin jugutes, sin ropa, sin tabúes, vestida solamente con mi mejor sonrisa.

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  2. Para mí es muy interesante dosificar la intensidad…..me atrae provocar la intensidad a intervalos, consiguiendo picos de excitación y bajadas…..momentos arriba y abajo…..sin sobrepasar los límites ni por arriba ni por abajo.
    Como todo en la vida, si sobrepasamos un límite, conseguimos el efecto contrario y no deseado.
    Soy hombre de variedades, hoy me puedes atraer al natural y a plena luz….mañana sofisticada y a plena oscuridad…..lo más importante es siempre tener en frente alguien que quiera jugar al mismo juego….

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